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Sandro Botticelli es uno de los artistas que más han influenciado a otros artistas y su estilo y talento han impulsado el deseo de pintar de muchos otros, que impresionados por las imágenes y la belleza de sus obras han intentado seguir sus pasos.
Sin embargo, la belleza de las mujeres que pinta Botticelli es una mezcla entre tristeza, melancolía, quietud, tranquilidad y dulzura.


El nacimiento de venus de Botticelli

La virgen del Magnificat de Botticelli

Palas Atenea de Botticelli

Venus y Marte de Botticelli

Alegoría de la primavera de Botticelli

Al ocultar su mirada, se dejan mirar, y nunca nos regañarían por mirarlas tan fijamente.
Las mujeres de Botticelli nunca tienen una alegre sonrisa. Les está prohibido expresar emociones fuertes, ni alegría ni horror. Expresan también, de este modo, un corazón muy sensible, necesitado de cariños y dulzuras. ¿Quién no podría querer a un ser tan sensible y recatado? Se las hace atractivas con esta personalidad sosegada, dócil y amorosa. ¡Y no les grites porque están a punto de llorar!

Muchas veces, las mujeres solo están concentradas en pensamientos propios, una vida interior que nos atrae curiosamente por su misterio.

Y otro aspecto muy importante en este estilo son los elementos decorativos. Son como pequeños regalos que intentan animar a las melancólicas figuras. Brillantes dorados, telas con preciosas texturas, flores, pequeñas hojas… Todo realizado con la llamada «linea sensible» que contornea las formas suavemente y enlaza unos elementos con otros.

Y por último, todo bañado con una luz suave, sin sombras y luces muy contrastadas, sino con degradados armoniosos y de tonos claros.

Así pues, estos son algunos de los trucos que utilizaba Botticelli para que sus preciosas doncellas nos agradasen y encandilasen. Y lo conseguía sin duda.

La virgen del Magnificat de Botticelli

Virgen del Magnificat

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